22-03-2010

Psicodrama

Muchos de los más eficaces abordajes de acción de la psicoterapia y la pedagogía  contemporáneas proceden del método del psicodrama, consistente en incitar a una persona a imaginas y dramatizar un problema en vez de limitarse a hablar de él. El psicodrama y sus métodos asociados – sociodrama, role playing y sociometría – fueron inventados alrededor de la década de 1930 por el doctor Jacob L. Moreno (1889 -1974).

El método psicodramático combina los procedimientos del análisis cognitivo con las dimensiones de la esfera vivencial y participativa. La “ejecución” real de la interacción, con la intervención del cuerpo y la imaginación propios, como si la situación se estuviera desarrollando en el momento presente, traslada a la conciencia un sin número de ideas y sentimientos por lo general inaccesibles a través de la simple recreación verbal de esa situación. Los elementos no verbales de la comunicación no solo ejercen efectos interpersonales, sino también representan señales internas. Una conducta agresiva o sobresaltada, por ejemplo, suscitara la toma de conciencia de emociones que quizás de otra manera habrían permanecido reprimidas.

Los métodos de acción son especialmente útiles en la terapia y no solo con pacientes de limitada de limitada capacidad para la exploración intelectual y verbal  (como niños, psicóticos y delincuentes), sino también con quienes tienden a sobreintelectualizar sus experiencias. Una de las ventajas más significativas del psicodrama es que guía el impulso del participante a la “actuación” hacia el cauce, más constructivo, de la “dramatización”

Dramatización contra actuación

La expresión de sentimientos e ideas en acción es una tendencia natural, puesto que la experiencia física de encarnar un rol proporciona un mayor grado de realización, constituye una manifestación más intensa de la voluntad y afirma más plenamente el sentido del self.

En otras palabras, una idea se vuelve “más real “cuando encarna en una forma que los demás pueden atestiguar y que el propio ser puede procesar cenestésicamente. Este importante concepto posee valiosas implicaciones para la terapia y la pedagogía (Schwartz y Schwartz, 1971). Moreno llamó hambre de actos a esa tendencia, y señalo que los individuos necesitan algo más que simplemente hablar de sus reacciones y deseos (Moreno, 1985).

Si el hambre de actos se frustra, las personas propenderán a “actuar” impulsivamente, y la expresión de sus necesidades por medio de sus acciones ocurrirá fuera del ámbito de la conciencia (Kellerman, 1984; Ormont, 1969). Esta dinámica ha sido descrita por los psicoanalistas, los que sin embargo no han advertido que esa misma inclinación puede ser utilizada en beneficio de una mayor conciencia del self (Rubin, 1981). En psicodrama la acción es dramatizada e incluso exagerada, en asociación con sus condiciones originales y otros modelos de expresión. Puesto que ello opera en el campo interpersonal y es atestiguado por el director y la audiencia, también reclama la función de “atestiguamiento” del protagonista. Así, el psicodrama convierte una conducta contraria a la conciencia en una conducta que promueve insight t una mayor capacidad de autoreflexión (Bromber, 1958; Fingarette, 1969; Zeligs, 1957).

Este es el motivo de que yo dé el nombre de dramatización a la sublimación del hambre de actos como vehículo para la terapia o el desarrollo personal o grupal. La dramatización (o procesamiento como la llamó Davies (1976)) se sirve del contexto dramático para generar distanciamiento de roles, a fin de que los actores puedan retroceder, en sentido figurado, y atestiguar su propia representación. El distanciamiento de roles es el componente esencial del juego imaginativo y la base de la manera más natural de aprender. Procesos de aprendizaje por medio de simulación tienen aplicaciones no solo en la terapia, sino también en muchos tipos de instrucción que imponen grados más complejos de entendimiento y desarrollo de habilidades, desde la enseñanza dancística hasta la capacitación de astronautas.

Además de hacerlo al esclarecimiento de conflictos emocionales, el método psicodramático también puede ser aplicado al desafío del desarrollo de potencialidades humanas. La dramatización permite al individuo recuperar muchas dimensiones de su experiencia personal desdeñadas por la sobreintelectualizada sociedad contemporánea: creatividad, espontaneidad, drama, humor, emotividad, vitalidad, sentido lúdico, danza ritual, movimiento corporal, contacto físico, fantasías, música, comunicación no verbal y un extenso repertorio de roles. La civilización occidental ha relegado muchas de esas actividades a la infancia, el teatro o la mitología, y arrebatado así a nuestro espíritu sus más ricos tesoros. Es esencial apreciar la vitalidad que solo puede surgir del contexto del juego, y cultivar y perfeccionar este ultimo para preservar el espíritu de la niñez en la vida adulta (Blatner y Blatner, 1988). Esas actividades  también afianzan  en el individuo un sentido verdaderamente pleno y relativamente flexible de su autentico ser. A causa de ello, la integración a nuestra existencia de los mundos vivenciales de los sentimientos, la sensación y la imaginación bien podría ser una de las metas primordiales de la pedagogía y psicoterapias contemporáneas.

Blatner, (2005). El psicodrama en la práctica.  Mexico: Pax